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Creo que todos, pero todos, entendemos lo que está sucediendo en el PRI de Tamaulipas, que batallan para encontrar, o darse, un liderazgo partidista; y, por conocer la experiencia de los priistas, entendemos lo que está sucediendo en MORENA a nivel nacional, que se muestran incapaces de darse un liderazgo nacional.

Observando ambos fenómenos llegamos, creo a la misma conclusión: el PRI se descarrillo ante la ausencia de un líder poderoso, que marcara línea, dando premios y castigos: así vivieron por años, por 8 décadas. Y en MORENA se desataron las ambiciones ante la ausencia de un factor cohesionador. Por eso, el más reciente manotazo de AMLO.

Vamos por partes. Los priistas se acostumbraron a obedecer a un líder real, sea el Presidente o el gobernador del Estado. Sin nadie que los premie o castigue, no saben qué hacer y nadie da su brazo a torcer. Aunque, todo hace indicar, ya entendieron y el día 15 de diciembre los priistas de Tamaulipas tendrán un líder.

En MORENA el error o la falla es original: AMLO pensó, estaba convencido, de que los miembros de su partido son democráticos, por eso mantuvo una sana distancia. Los hechos, sin embargo, demostraron que son iguales a los de otros partidos: no piensan en el partido, solo en sus ambiciones.

Y los cuatro aspirantes a la Presidencia Nacional mostraron tal cual son: ambiciosos, que no respetan reglas, que evidencian los valores de la democracia. AMLO, ingenuamente, una y otra vez les dio consejos, les pidió que muestren que son distintos, digamos a los priistas o a los panistas, y en los hechos le dieron la contra… lo le hicieron caso.

La sana distancia con MORENA ahora será, sin la menor duda, una sana cercanía. Ya hay fecha para un Congreso Nacional, se reformaran los estatutos y se incluirá la “encuesta” como una forma de elegir a dirigente nacional. Las ambiciones de Yeidckol Polevnsky, Bertha Lujan, Mario Delgado y de Alejandro Rojas tendrán que esperar.

Por lo visto, a la fecha, no es posible encontrar un partido político en donde sus militantes, con su voto, definan el rumbo y dirección de su partido. Los hechos demuestran que solo, si, solo un poder real puede poner orden, dar una dirección y consolidar una lucha partidista. Y eso es ir contra los valores de la democracia.

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