vortice

El otro día acudí a la oficina de un funcionario para buscarlo a fin de entrevistarlo, al llegar su secretaria me dijo que estaba a punto de llegar por lo que me invitó a que me sentara a esperarlo y tomé el único lugar disponible que había, la antesala no tiene mucho mobiliario, algunas cuatro o cinco sillas para hacer antesala, y ya había gente antes que yo.

Luego de ello llegó una muchacha y un muchacho, ambos portaban camisa con logo de una empresa buscando al funcionario, la secretaria les dio la misma información que a mi y les dijo, si gustan esperar, siéntense, y se cerciora que no hay lugares vacíos por lo que dice, solo bueno si gustan esperar, como acto reflejo me levanto e intento ceder mi asiento a la señorita recién llegada.

Ante mi oferta, la susodicha de inmediato rechaza mi oferta y me dice que no, gracias, a lo que le digo, insisto por favor siéntese, y de inmediato me comienza a recitar una serie de argumentos, algunos de ellos hasta ofensivos, lo primero que me dijo es que ella es joven y delgada y yo anciano y obeso, por lo que ella podía aguantar más tiempo de pie que yo, a lo que argumenté que  aun con mi sobrepeso, podría aguantar hasta que me tocara pasar con el funcionario, (eso si caló jajaja).

El siguiente argumento es que con mi actitud la estaba ofendiendo pues estaba presuponiendo que las mujeres son sexo débil y que por ello deberían de estar sentadas y los hombres de pie, a lo que le dije que no era mi ánimo ofenderla y mucho menos establecer debilidad entre hombres y mujeres, pues por el contrario siempre he admirado la fortaleza y capacidad de las mujeres, sin embargo es un estereotipo que trae uno desde niño el ceder el lugar a la mujer como símbolo de respeto y veneración.

Ante mi último argumento, la joven hembra dijo que entonces las cosas estaban peor, pues estaba encasillando a las mujeres en el concepto de cosas bonitas que hay que exhibirlas sentaditas y peinaditas y las mujeres son luchonas y entronas a más no poder por lo que se negaba a ser parte de ese estereotipo.

Le pedí me disculpara pero le aseguré que en ningún momento la intensión fue ofenderla de esa manera, a lo que ella me dijo que lamentablemente después de una galantería de ceder el asiento a una mujer viene el acoso sexual, el comenzar a decir palabras bonitas y posteriormente hacer proposiciones indecorosas para humillarlas y hacerlas ver como objeto sexual, a lo que argumenté que calculando la edad ella podría ser más chica que mi hija la menor, por lo que sería muy deplorable pensar siquiera en tener una relación con mujeres de esa edad, y solo dijo, los pedófilos siempre dicen lo mismo.

Insistí el hecho de que le ceda la silla no significa que necesariamente tengamos que mantener un diálogo pues yo me mantendría parado lejos de ese asiento y por ende no tendríamos por que dirigirnos la palabra, pero algo en mi interior me hizo reaccionar y cuando ella ya se iba a sentar, la hice muy cuidadosamente a un lado y le dije, tienes razón, y me senté en mi asiento.

De inmediato me dijo que por que me sentaba si ya le había cedido la silla a lo que le dije que no me perdonaría ofenderla al sentarse ella en mi silla, no sería causante de que ella sintiera que la están encasillando en el prototipo de algo inútil, tampoco en un ser débil y mucho menos permitir que se sintiera acosada sexualmente por el simple hecho de cederle el asiento.

En eso la secretaría le dijo a la joven que el licenciado no llegaría ese día que, si lo quería buscar al día siguiente, y la joven con su acompañante salió de la oficina, entonces la secretaria que no es una mujer joven, debe tener algunos 45 años, me dijo igual para usted que lo espera mañana a la una.

Cuando me despedía me dijo la secretaría, “¿cómo hay gente loca en este mundo verdad?”, en efecto hay mujeres que sienten que deben estar en su propio mundo donde no haya hombres.

Hasta la próxima

 

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