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Desde que tenemos uso de razón nos enseñan, sobre todo nuestros padres, a distinguir lo bueno de lo malo; según sus valores y criterios, nos aplicaban castigos que, hoy en día Derechos Humanos rechaza. Lo cierto es que, según lo que hiciéramos, si era malo, recibíamos un castigo. Y así es, o debe hacerse, en un Estado de Derecho: aplicar la justicia a quien violenta la ley.

Viene a cuento lo anterior porque durante su campaña AMLO, y también ahora como Presidente, sentencio su deseo de no aplicar castigos a quien ha sido corrupto, ha robado o, de plano, le ha valido un cero a la izquierda la ley y las cosas buenas. Quienes han sido víctimas de la delincuencia, por ejemplo, piden que se aplique la ley. Y creo, lo mismo, debe pedirse para quienes, como él dice, se robaron el petróleo…porque afirma que el huachicoleo es una cortina de humo.

HUACHICOLEROS.

No sé cuándo ni como pero de pronto se empezó a usar la expresión: huachicoleros, para identificar a las personas que se roban la gasolina; sea de los ductos o de las pipas. El caso es que, durante el gobierno de Enrique Peña Nieto, fuimos testigos de cómo este fenómeno floreció. Por un lado, PEMEX daba cuenta de robos, de como de los ductos se conectaban válvulas; de cómo había enfrentamientos entre policías (o militares) con huachicoleros. Fue, sin duda, un fenómeno en expansión.

Siempre se pensó, se especuló, que el robo de gasolina (huachicoleo) es un fenómeno que nace de la complicidad institucional: ¿Cómo sabían, los huachicoleros, donde poner las válvulas, como ponerlas, en que momentos abrirlas? Por eso, en más de una ocasión se aventuró la hipótesis que, desde el gobierno mismo, se alentaba, se procuraba y se protegía este tipo de saqueo nacional. Las perdidas, según las cuentas, han sido millonarias. Por eso hay un desastre en PEMEX.

UNA CORTINA DE HUMO.

Todo el tiempo el gobierno ha señalado un incremento notable en el robo del combustible. Se ha difundido datos y cifras sobre las válvulas instaladas, año tras año; de como el Estado, la policía, incluso el ejército y la policía federal, han sido rebasados, se han mostrado incapaces de contener el robo constante del combustible. Y ahora, cuando esta la crisis del abasto, el Presidente Andrés Manuel López Obrador confiesa, declara en su conferencia matutina, que todo es una cortina de humo: que el robo es desde adentro.

Increíble: tanto y tanto que se habló del huachicoleo y ahora, de acuerdo a las investigaciones, resulta que es como el 20% de las pérdidas totales de PEMEX. Encontraron, los investigadores, toda una red interna para sacar de las refinerías la gasolina y además venderlas: ¿Cómo se venden 600 pipas diarias de gasolina? Implica, entonces,

que hasta los concesionarios de las gasolineras estaban coludidos. Por eso, en la frontera tamaulipeca, ya se consigna la cancelación de concesiones… por vender gasolina robada.

COMPLICIDAD INSTITUCIONAL.

No termina una de sorprenderse: el saqueo interno de PEMEX, dice el Presidente AMLO, viene desde tres sexenios atrás, es decir, Enrique Peña Nieto, Felipe Calderón y Vicente Fox: ¿los panistas idearon, maquinaron, el robo en gran escala de la gasolina? Mencionan que hay tres detenidos, del área de operación logística, del monitoreo, porque veían que estaban saqueando los ductos y no los cerraban. La complicidad, obvio, es evidente. La cuestión es: ¿Quién, o quienes, dentro del gobierno orquestaron y se beneficiaron de este monumental saqueo?

La complicidad institucional es evidente. Porque es increíble, vamos, no creíbles, que nadie, pero nadie se diera cuenta. Y si alguien lo vio, se enteró, por lo que sucedió, es para pensar que se convirtió en parte de la pandilla saqueadora. Y si fue, como bien dice, durante tres sexenios es imperativo, necesario, que haya castigo: no es posible perdonar a quien, valiéndose del cargo público, se convirtió en mal servidor público, deshonesto, corrupto. Por lo pronto, el desabasto ya está provocando la cólera, el enojo, del pueblo y los reclamos van subiendo de tono.

EL RETO.

En este momento los mexicanos tenemos un discurso, el del Presidente AMLO y lo que se vive en la realidad: tenemos gasolina suficiente, no hay problemas de abasto, que el problema es de distribución, dice el Presidente; y la población, prácticamente de toda la república, ve cerradas las gasolineras, hace filas hasta de 20 horas para llenar el tanque de su carro. El discurso choca con la realidad; y el reto para el presidente es que su dicho destruya esa realidad, que se demuestre que, efectivamente, hay gasolina, que es problema de distribución… y castigar a los culpables: merecen el castigo.

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